Terapia de la Caja de Arena: estrenamos nuevo recurso en consulta

3 Sep 2026

Desde la semana pasada tenemos por fin disponible en nuestra consulta un nuevo recurso terapéutico: la Caja de Arena (Sandtray).

Detrás de esta caja hay una historia de formación, espera, aprendizaje y, sobre todo, mucha curiosidad por seguir descubriendo nuevas formas de acompañar en terapia.

Un recurso con historia

El pasado mes de mayo tuve la oportunidad de asistir a la formación “Iniciación y Profundización a la Terapia de la Caja de Arena y su aplicación en Contextos Clínicos”, organizada por Origami Psicoterapia, aquí en Santa Cruz de Tenerife, de la mano de Neftalí Elorriaga, quien lleva más de diez años impartiendo esta formación.

Precisamente, tenía previsto realizar estos talleres el mismo año en que comenzó la pandemia de COVID-19. Finalmente, han tenido que pasar nada menos que seis años hasta que volvió a presentarse mi oportunidad.

Pero ¿de dónde viene esta herramienta?

La Terapia de la Caja de Arena (Sandtray) tiene uno de sus antecedentes históricos en Margaret Lowenfeld, quien en 1928, en su clínica para niñas y niños con dificultades, desarrolló la denominada “Técnica del Mundo” (World Technique).

Lowenfeld observó cómo el juego espontáneo con arena y pequeñas figuras ofrecía a los niños y niñas un medio para expresar y organizar su experiencia.

Posteriormente, en 1956, Dora Kalff integró elementos de la psicología analítica de Carl Gustav Jung, desarrollando la Terapia de Juego de Arena o Sandplay.

Desde entonces, diferentes autores y autoras han realizado aportaciones a este modelo de trabajo desde distintas perspectivas y orientaciones terapéuticas, incluyendo su combinación con EMDR y diferentes enfoques centrados en el trauma.


Aprender haciendo

La formación fue, sin duda, toda una experiencia.

Se trata de una formación fundamentalmente vivencial: mientras vas aprendiendo los fundamentos teóricos, trabajas con otra persona intercambiando los roles de paciente y terapeuta.

Creas tus propias cajas de arena y, al mismo tiempo, acompañas a la otra persona en la creación de la suya.

Y ahí es donde empiezas a comprender realmente el potencial de este recurso.

Al construir “tu mundo” de una manera libre, pueden aparecer aspectos que están operando —o que llevan mucho tiempo operando— en ti. Y, al poder transformar la caja de manera dinámica, en ocasiones también es posible encontrar nuevas perspectivas, o aproximaciones a aquello que estás tratando de resolver.

Desde el otro lado, como terapeuta, la experiencia permite comprender la situación vital de la persona que estamos acompañando, a través del uso de los recursos metodológicos que esta técnica conlleva: el uso de los silencios, la mirada, el estado de presencia, la conexión emocional, la validación y, especialmente, el acompañamiento respetuoso de aquello que la persona va creando y descubriendo.

No se trata simplemente de colocar figuras sobre arena.

Se trata de acompañar un proceso.


Cuando las palabras no son suficientes

A partir de aquella formación, tanto Patricia Álvarez como yo comenzamos a incorporar la técnica progresivamente a nuestras sesiones.

Patricia ya había tenido contacto con la Caja de Arena a través de algunas formaciones previas, así que ha sido especialmente enriquecedor poder ir aplicándola y, al mismo tiempo, compartir entre nosotras los aprendizajes, descubrimientos y revelaciones que iban apareciendo en el trabajo con este recurso.

Al principio preparé una caja bastante rudimentaria utilizando una caja de plástico transparente.

Todavía no disponíamos de una gran colección de figuras y elementos para construir las escenas, pero rápidamente comenzamos a comprobar algo que nos llamó mucho la atención:

Personas de diferentes edades —adultos, adolescentes, niños y niñas— conectaban con la caja con una sorprendente facilidad.

A través de aquello que iban construyendo, podían comenzar a elaborar situaciones que les estaba resultando difícil asimilar, tanto relacionadas con experiencias presentes como pasadas. También podían observar de una manera diferente el impacto que determinados elementos o relaciones estaban teniendo en sus vidas.


Construir, transformar, descubrir

Uno de los aspectos que más me ha llamado la atención es el potencial de la Caja de Arena para trabajar a través de la metáfora.

La persona no tiene necesariamente que encontrar las palabras exactas para explicar qué le sucede.

Puede mostrarlo.

Puede colocar una figura cerca de otra, alejarla, construir una barrera, esconder algo bajo la arena, cambiar de lugar un elemento o modificar aquello que había construido.

Y, a través de esa interacción con el mundo que está creando, pueden emerger significados, sensaciones físicas y emociones que quizá resultaban difíciles de identificar o expresar directamente.

Todo ello puede hacerse de una manera amable, respetuosa y contenida, teniendo en cuenta el momento y el ritmo de cada persona.

A veces necesitamos dejar de hablar de lo que nos ocurre para poder empezar a mirarlo de otra manera.

Además, los propios ritmos de la Caja de Arena permiten realizar pequeñas pausas, detenerse y entrar en contacto con aquello que va surgiendo, favoreciendo una aproximación más contenida y respetuosa a la experiencia.


Así se hizo nuestra Caja de Arena 🪵

Unos meses más tarde, en julio, llegó otro pequeño paso importante.

Gracias a un compañero de la formación, que consiguió localizar a un carpintero que elaboró varias cajas para diferentes compañeros y compañeras, ya contamos con nuestra caja de madera.

La recibimos en madera de pino lijada, pero todavía quedaba trabajo por delante para convertirla en el recurso terapéutico que necesitábamos.

El proceso de preparación de nuestra Caja de Arena.

Fue necesario acondicionar la estructura, barnizar la madera y pintar de azul el interior de la caja antes de incorporar finalmente la arena.

A continuación puedes ver el proceso de acabado y montaje que compartimos también en Instagram:

La caja tiene una altura aproximada de 60 centímetros y está equipada con ruedas, lo que permite desplazarla hasta el centro de la sala de terapia familiar, donde finalmente hemos decidido colocarla.

La posibilidad de rodear la caja es importante dentro de este tipo de trabajo, ya que permite aproximarse a la creación desde diferentes perspectivas y facilita el movimiento alrededor de ella.

Nuestra caja, prácticamente preparada para comenzar a utilizarla en consulta.

Y finalmente llegó el momento de llenarla de arena.

Nuestra Caja de Arena ya preparada para acompañar nuevos procesos terapéuticos.


Y ahora comienza lo interesante

Una de las cosas que más nos ilusiona de este recurso es que cada caja es única, porque cada persona construye desde su propia experiencia, sus propios significados y su propia manera de relacionarse con aquello que está viviendo.

Por eso, si en el futuro compartimos algunas de las cajas realizadas por nuestros pacientes, será siempre con su consentimiento expreso y cuidando especialmente la confidencialidad.

Son creaciones íntimas y personales.

Y precisamente por eso queremos mostrar su valor sin olvidar nunca que, detrás de cada una de ellas, hay una historia que merece ser tratada con respeto.


Seguimos explorando 🌱

Incorporar la Caja de Arena a nuestra consulta supone para nosotras seguir ampliando nuestra mirada y nuestras herramientas terapéuticas.

Tenemos muchas ganas de seguir aprendiendo, experimentando y, sobre todo, descubriendo todo lo que este recurso puede aportar al proceso terapéutico.

Porque a veces una figura, un pequeño objeto colocado sobre la arena o un cambio aparentemente sencillo en aquello que hemos construido puede abrir una puerta hacia algo que todavía no habíamos podido mirar.

Y estamos deseando seguir descubriendo todo lo que puede surgir al otro lado de esa puerta.